Con propósito.

NOTA DEL ADMINISTRADOR-EDITOR DEL BLOG

Imagen de la cabecera: Fragmento del cuadro de Mariano Carabias: "Mi madre" (retrato de nuestra madre. AQUÍ podéis verlo en su blog)

Este blog nace enlazado al resto de mis blogs, pero quiere ser el espacio donde se ordene todo lo referente a este poemario. Iré subiendo, a medida que se produzcan y conozca, las reseñas o noticias que se generen a su alrededor. Por tanto, como es obvio, su recorrido es corto; pero no me importa.
Si alguien lee el poemario y me remite su comentario de lectura del mismo, lo subiré al blog tal cual, como una entrada más. Y esto con independencia de que tenga o no su propio blog. De algún modo pretendo que sea la página del lector.
Ya sé que es una pretensión muy elevada por mi parte, pero por soñar que no quede.
Gracias de antemano.

viernes, 25 de enero de 2013

Presentación de Norberto García Hernanz


QUIERO AGRADECER PÚBLICAMENTE QUE NORBERTO GARCÍA HERNANZ HAYA PERMITIDO LA PUBLICACIÓN DE ESTE TEXTO DE SU AUTORÍA.

Con Norberto García Hernanz, instantes antes
del inicio de la presentación
Buenas tardes:

“No existen las palabras contra el desasosiego,
ni existen los relojes que lo aplaquen,
ni el filo de una espada lo extermina.”
De esta forma contundente, comienza Amando Carabias, el poemario que hoy presenta a la ciudad de Segovia, su ciudad, y que ya es el tercero después de “Humanidad Perdida” y “Versos como carne”.
Le doy mi enhorabuena por el grado de concreción, musicalidad y virtuosismo poético que, como veremos, alcanza en dicha obra y del mismo modo, felicito a Amelia Díaz Benlliure por los arrestos literarios que ha demostrado, al embarcarse en este proyecto editorial del que han surgido, en tan breve tiempo, (seis meses), varios títulos, como el ahora presentado “Quizá un martes de otoño” y máxime cuando esos esfuerzos están encaminados a fomentar la poesía y la literatura infantil. Gracias por ello.
He elegido esos versos iniciales, como comienzo de este acontecimiento, porque quiero, cuanto antes, centrarme en el objetivo que nos reúne, que es degustar el buen hacer poético de Amando. Prefiero, antes de cualquier otra consideración, acercarme a la palabra de este poeta que hoy cumple el deseo de poner en nuestras manos, una obra surgida de sus vivencias íntimas, que de otra forma, como él mismo ha declarado, “se habría podrido en su interior”.  No ha sido la elaboración de la obra, en ese sentido, algo premeditado,  sino algo surgido y casi expulsado desde dentro, con imperiosa necesidad.
Debemos pues, sacar cuanto antes a la luz ese planteamiento inicial, que nos habla de un desasosiego originado por lo que puede denominarse un acontecimiento, ya que acontecimiento es según el diccionario “una interrupción o alteración del curso normal de los sucesos, que por sus efectos exige o merece ser recordado”.  Eso parece ser lo que le ocurrió un determinado día a Amando y lo que motivó la inspiración de estos textos: Un acontecimiento.
Para el desasosiego provocado por esa alteración, por esa interrupción, según el autor como hemos leído, no existen relojes, tiempo que pueda reinterpretarlo o canalizarlo, ni filo de espada que lo pueda exterminar.
Eso es, lo que preocupa inicialmente a nuestro poeta, y ese será el problema fundamental de la obra, para resolverse o analizar: El cómo abordar ese acontecimiento repentino, que en un determinado momento, a lo largo de un día, quiebra la feliz cotidianidad del paseo, del trabajo, de la vida familiar, para trastocarlo todo.
Estos hechos provocan pues, en Amando la urgencia imperiosa de relatar sus sentimientos, sus consideraciones ya sean meditadas o impulsivas, sobre ese cataclismo de sensaciones desbordadas.
Así vamos adentrándonos en el poemario, que está temporalizado en un solo, largo y extraño día, con pasajes como “pánico en flor que me ha brotado de madrugada.”  ó “Sólo entendí tu ausencia: una montaña rusa enredada en el viento.” o también “La noche es hielo negro en mis afueras, todo paralizado en un solar donde reina la dama descarnada.”
También nos pone en situación adecuada, usando metáforas y anáforas como en: “Hay una oquedad dentro, una oquedad sin venas, una oquedad de frío y llanto helado, una oquedad de mármol”, para después concretar el doloroso trance y quizá amortiguar sus efectos recurriendo al lenitivo apoyo de la música en:
“Mis manos interpretan
los pliegues de tu carne,
sinfonía lunar,
mis plectros incansables
buscarán en tu piel arpegios
que acallen el fragor de pesadilla,
hasta que su sonido de volcán
dinamite la túnica azabache
que envuelve nuestro espacio
                                          y mi futuro.”
Sirven estos versos, para que Amando suavice el pesimismo reflejado en los iniciales y vaya, mediante la progresiva aceptación de la realidad, dando al acontecimiento un carácter más asumible y moldeable.
Para la mejor comprensión de aquello que vais a disfrutar en el poemario, creo también conveniente detenernos un momento en las características de Amando, como poeta, novelista, y, sobre todo, ser humano.
Es necesario hacerlo, para entender el grado de autenticidad y sinceridad con el que, a corazón abierto, se nos ofrece en esta obra.
Y no es que yo tenga, (el otro día lo hablábamos), un conocimiento exacto de su personalidad, ni pueda haceros glosa de sus virtudes como amigo, o compañero de fatigas, ya que nuestros caminos, salvo por acontecimientos poéticos, no han coincidido hasta los últimos tiempos, pero por eso precisamente, presumo poder juzgar sus virtudes humanas desde la imparcialidad, y afirmo desde ella, que el primer acercamiento a su persona da pistas suficientes para descubrir a un hombre bondadoso, sencillo y extraordinariamente sensible, implicado y según me consta, sufridor, de aquellos acontecimientos sociales, que como ocurre actualmente, a diario, nos desbordan.
Leyendo el poemario “Quizá un martes de otoño”, entendí enseguida, que era lógico, dadas esas características que definen su personalidad, la intranquilidad y el desasosiego originado por la posible desaparición, un día aciago, del ser que le dio la vida, su madre. Lo que llamaríamos en lenguaje coloquial “Un susto tremendo” convulsionó una jornada que en principio no auguraba malas noticias.
La indefensión que en cualquiera produciría este acontecimiento, en Amando se ve aumentada, dada su sensibilidad y permite que su discurso alcance un elevado grado de lirismo, donde los recursos poéticos son superados, incluso, por ese sentimiento que es finalmente el que nos llega, nos cala y nos hace vibrar.
Dicho esto, creo que vendría al caso hacer una disquisición filosófica que me ronda, desde que el autor me pidió que le hiciera la presentación. Se trata de la diferencia entre acontecimiento (palabra que hasta el momento he repetido abusiva e intencionadamente esta nueve veces) y la palabra suceso. Pueden llegar a confundirse pero no tienen nada que ver.
Según nos comenta Chantal Maillard (Premio Nacional de Poesía 2004) en su libro Matar a Platón (con el que se hizo merecedora del citado premio) “Un acontecimiento no es un hecho, sino algo a la vez muy sutil y complejo que puede si acaso ser sugerido mediante por ejemplo la poesía.”(Lease, por ejemplo una noticia dramática e inesperada como la que inspira el libro) “El acontecimiento, al contrario que una idea, nunca puede ser definido. La verdad de un acontecimiento no puede ser aprehendida por las ideas, sino aproximada de diferentes formas.” Viene a decirnos, mediante precisamente la poesía, Chantall Maillard, que las Ideas platónicas que racionalmente dan cuenta de la realidad en un estado sobrio y puro, pueden aproximarse a los fríos sucesos que acontecen a diario y que afectan por igual, imparcialmente, a los seres humanos, pero poco tienen que ver con la interpretación de la realidad de un acontecimiento, porque éste al acechar tan intensa y subjetivamente a quien lo experimenta,  al ir como en el caso de este poemario, directamente  disparado hacia las fibras más sensibles de un ser humano en particular, no puede ser analizado como verdad universal por la Razón Ideal, sino cercado, aproximado por diferentes medios entre los cuales la poesía tiene especial relevancia.
El lector a su vez, también tiene la necesidad de reconocerse en ese acontecimiento, porque así prepara su experiencia para controlar el miedo, el temor a lo imprevisible y al dolor de cualquier tipo, que pueda presentarse en el transcurso de su vida. Nosotros pues, en la lectura de estos versos, de la mano de Amando, podemos ir adquiriendo las destrezas que él ha atesorando en su interpretación de lo que aquel día experimentó.
Más adelante en el poemario, siguiendo con esta forma tan directa de interpretar la realidad, veremos aparecer nuevas luces y espacios para la esperanza. El bálsamo de la poesía pues, parece ser que lava el pesimismo inicial de Amando y le permite construir, con palabras, un islote de seguridades, en el que aún mantenerse a flote:
Así podemos leer:
“Y cuando te hayas ido,
mañana, o dentro de tres vidas,
¿cómo no se hundirán los universos
y los amaneceres
y las espadas de las flores?
Mejor no preguntarse,
mejor no anticipar el sufrimiento,
mejor no convocar el laberinto
ni al monstruo que lo guarda.
Mejor aprovechar tu nitidez
de brisa detenida y sosegada
bajo las cordilleras de tu cuerpo,
para entrar en el mundo sin lamentos,
para subir a escena convencido
de no ser adjetivo prescindible.”
Siguen después los intentos de Amando por mantener la normalidad dentro de una situación que ha quebrado, aunque sea transitoriamente, su equilibrio emocional. Como persona  metódica, y a pesar de la preocupación, continúa su jornada, a través de los poemas.
Así dice:
“Al encender la luz de la oficina, su brillo me recuerda un hospital, aunque nuestros pacientes no respiren, ni en apariencia sangren o padezcan.
Sobre la mesa yacen los papeles tal y como dejé su cuerpo ayer, sin otra novedad que la emboscada de miles de segundos en sus poros que no han causado heridas apreciables.”
O más adelante:
“La jornada es un timbre impertinente, inquieto e incansable saltamontes, o llovizna de martes. Y siempre la justicia se encarama detrás de sus palabras sosegadas o inquietas o iracundas.

No adelantaré ya más detalles que el autor no os quiera avanzar, ni tampoco ningún final que él no considere conveniente contaros antes de tiempo.
Solo apuntaré, antes de cederle la palabra, mi observación en el poemario, de un avance continuo hacia posturas menos pesimistas y categóricas, que en las últimas páginas se pueden leer así:
“sé que existe el sendero donde el alma
llegará al fuego de tus manos
donde arderá mi pánico, y después
alcanzaré el jardín para el reposo
donde cantan los árboles:
allí beberé un río de justicia.”
Por otro lado, tengo mi propia idea sobre el sentido de la palabra “Quizá” en el título de la obra, (Quizá un martes de otoño) pero ante la posibilidad de equivocarme, le lanzo al autor estas preguntas dejando a su criterio la conveniencia de responderlas: ¿Fue entonces un martes el día en que se produjo ese acontecimiento? ¿No lo recuerda, o no lo quiere recordar Amando? ¿Quiere decir que en realidad es irrelevante el día de la semana en que ocurrió? ¿Nos quiere transmitir que debe ser irrelevante para nosotros, la fecha en que nos ocurran similares situaciones?
 ¿Y el desasosiego inicial? ¿Podrá haber palabras, relojes y filos de espada, que puedan al fin combatirlo? Él podrá decírnoslo si lo desea. Como sabemos, los poetas no siempre quieren anticipar de sus obras nada al lector, que ellas mismas en  lectura meditada puedan transmitir por sí solas.
Concluyo ya, confirmando que Amando Carabias, ha conseguido con esta elaborada y acertada obra, un primer objetivo al aplicarse a sí mismo, de forma terapéutica sus propios versos, para reinterpretar esa realidad que de vez en cuando, nos expulsa bruscamente del mundo que habitamos. De la misma forma anticipo la consecución de un segundo objetivo, que es el ofrecernos aquí y ahora, el resultado de su excelente hacer poético, para que lo disfrutemos y podamos compartir con él ese decir de la poesía,  que según Chantall Maillard es auténticamente válido, para aproximarnos a todo aquello que ahí fuera, día a día, nos acontece.
Muchas gracias.

© Norberto García Hernanz 

4 comentarios:

Flamenco Rojo dijo...

Qué grande Norberto !!! Entrañables palabras, magnífica presentación.

Un fuerte abrazo para el presentado y otro para el presentador.

Alena. Collar dijo...

Aún no he leído tu libro. Quiero tener -darme el gustazo- de comprártelo en tu Presentación en Madrid. Estas palabras que lo preludian me lo acercan muy significativamente y me dan la medida de algo que, ya hablando contigo hace días, preveía: me va a conmover tu poemario.
Leo estrofas aquí entresacadas y golpean como tizones.
Mi enhorabuena, Poeta: Madrid te espera.

Isolda dijo...

Qué gusto poderlo leer! Es importante que queden las palabras escritas. Norberto estuvo fantástico. Lo disfruté mucho. Gracias, pues al polifacético profesor de matemáticas, que entiende igualente de sensibiladades. Besos a los dos.

catherine dijo...

Ahora sabemos que la musa de este poemario es ella, ella que se maravilla con los copos de nieve, ella que apareció a menudo en el diario de Amando. Entiendo el quizá por haber vivido un acontecimiento parecido, entiendo el desasosiego y el deseo de aprovechar cada caricia para acallar la pesadilla.
Un beso, Amando.
Noberto, gracias por esta presentación nítida como las matemáticas y empática como la poesía que me da muchas ganas de leer este poemario. Un abrazo.